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La caridad necesita mercados

Tags Filosofía y MetodologíaPreciosValor e Intercambio

07/20/2018Jörg Guido Hülsmann

[Publicado originalmente en mayo de 2016]

Aunque a veces se imagine que un mundo basado en la entrega de donaciones en lugar de intercambios de mercado sería un mundo sin escasez o deseo, nos sigue quedando el problema de la fabricación y producción de bienes complejos, que requieren mercados para asignar recursos.

Además, si recordamos que el acto de dar-donar requiere que ambos, el donante y el receptor estén de acuerdo con el intercambio, descubrimos rápidamente la situación es más compleja de lo que pensábamos inicialmente.

Tanto el donante como el receptor deben estar de acuerdo

Una donación es una transferencia incondicional de un bien económico de una persona (el donante) a otra (el beneficiario). En el caso un servicio, el donante acuerda proveer el servicio al beneficiario y este último aceptar recibirlo como una donación.

Si es de verdad una donación en sentido real, el bien se entrega gratuitamente y la decisión de abandonar el bien no tiene condicionantes. Para el donante, no es el cumplimiento una obligación y no puede ser declarado como un derecho por el beneficiario. En particular, no es una remuneración por algún bien económico proporcionado por el beneficiario al donante. Es verdad que en la práctica hay muchos casos de falsas donaciones, en las que una transferencia de derechos de propiedad tiene algunas de las características de una verdadera donación, pero no todas ellas.

Es necesario que ambas partes estén de acuerdo. Si ambas partes están de acuerdo, entonces el beneficiario se beneficia, pero el donante también se beneficia.

Esto parece cuestión de rutina en lo que se refiere al beneficiario. Después de todo, recibe un bien económico sin pagar y por eso se le llama beneficiario. Sin embargo, es importante no caer en lo que podríamos llamar la trampa materialista a la hora interpretar la donación. El beneficiario se beneficia, no porque algún otro esté dispuesto a proporcionarle gratuitamente un bien económico. Se beneficia porque prefiere recibir este bien al renunciar a él. Es bien sabido que los regalos pueden rechazarse y que algunos regalos deberían rechazarse. Porque los griegos ofrecieran su caballo de madera en la playa a los troyanos, estos últimos estuvieron impelidos u obligados a aceptarlo. Los troyanos lo tomaron porque creyeron que era mejor poseer el caballo, erróneamente, como se pudo ver.

Hay valor en el acto de dar o recibir una donación

En otras palabras, lo que hace de una donación una donación no es su idoneidad para este o aquel uso o disfrute (su “valor de uso”), ni el hecho de que otra persona la encuentre deseable (su “valor de intercambio” o precio de mercado), sino el hecho de que el posible beneficiario la encuentre deseable y por tanto esté de acuerdo en recibirla. Estas recibe gratuitamente el objeto que se propuso darle, ya sea un servicio o sea un derecho de propiedad sobre un producto. Pero lo que hace de él realmente un beneficiario y lo que resulta ser el objeto de una donación es el valor personal de la donación. Al acordar aceptarla, demuestra su preferencia a recibir la donación, en lugar de renunciar a ella. Demuestra que piensa que estará mejor, gracias a la donación, de lo hubiera estado en caso contrario.

El donante también se beneficia. Si Smith da un billete de cinco dólares a un mendigo, demuestra así que él, Smith, prefiere que el mendigo, lugar del propio Smith, posea el billete. Es todo suena como si Smith estuviera de alguna manera “interesado” en realizar esta donación, lo que a su vez insinuaría que la donación no es realmente gratuita, porque el propio Smith resulta beneficiarse de ella. Bueno, en un sentido amplio, Smith está interesado, pero eso no hace por sí mismo que su donación sea menos gratuita.

Smith si se beneficia de la donación. Por eso está de acuerdo en hacerla. Para los no economistas esta afirmación podría resultar sorprendente, pero no debería ser así. No hay acción humana que no emplee algunos medios para alcanzar algún fin más valorado. La razón por la que el hombre actúa que es siempre el deseo de mejorar el estado de cosas, es decir, producir un estado de cosas que él prefiera al estado de cosas que habría existido sin su acción. No hay excepciones. Pero esto no implica una contradicción con la naturaleza gratuita de la acción de Smith. No estaba obligado a dar el billete, ni al mendigo tenía derecho a él. Por tanto su acción era gratuita en el sentido más completo de la palabra.

El papel de los precios de mercado en las donaciones

Pasemos a una observación final sobre la economía de las donaciones. Las donaciones pueden producirse a través de procesos más o menos largos que impliquen la cooperación de mucha gente. En otras palabras, la decisión de hacer una donación no se toma necesariamente en un momento concreto, como cuando encontramos un mendigo en la esquina de una calle. Las naciones también pueden planearse por adelantado. Pueden prepararse, no solo en el sentido de planificar la decisión alguna donación, sino también en el sentido de que el bien económico que se va a donar sea especialmente producido para donarse.

¿Es imaginable que todos los procesos de producción se dirigirán hacia la realización de donaciones? Las personas ya no venderían sus productos, sino que los regalarían y a su vez se beneficiarían de las donaciones hechas por otras personas. ¿Podría toda la economía ser una economía pura de donaciones de este tipo? Como sabemos por el análisis del comunismo, podría intentarse, pero tendría un alto precio. Una economía pura de donaciones sería por definición una economía sin intercambio y por tanto sin precios de mercado. Pero los precios de mercado proporcionan guías para producir un tipo de bien (produciendo ingresos más altos) en lugar de otro (produciendo ingresos más bajos) y proporcionan guía para no usar ciertos bienes porque cuesta mucho comprarlos.

En una economía pura de donaciones, esta guía ya no existiría. Tendría que ser reemplazado por un gran sentido del juicio y una gran disciplina por parte de todos los miembros de la sociedad. Está claro que esas cualidades son extraordinariamente raras y que, es más, no se verían recompensadas en una economía pura de donaciones y por tanto no se cuidarían en esa disposición de las cosas. Está fuera de lugar organizar una división completa del trabajo sobre el poco juicio y sobre la poca disciplina que pueda encontrarse en sólo unas pocas personas virtuosas.

Producir donaciones futuras es complejo y difícil

Además, aunque estas personas no fueran pocas sino muchas, una economía pura de donaciones seguiría sufriendo un impedimento formidable. Como nos enseñó Ludwig von Mises, sin intercambio ni precios de mercado, sería imposible organizar la división del trabajo con procesos largos y complejos de producción indirecta. El buen juicio podría bastar para idear un plan general para la cooperación satisfactoria entre unos pocos zapateros y carniceros sin la interposición de precios de intercambios. Pero el buen juicio estaría completamente perdido a la hora de evaluar la importancia relativa (y a menudo cambiante) de programas informáticos, equipos de perforación, investigación de operaciones y otros bienes que están alejados de nuestra experiencia inmediata.

Una economía estática sirviendo a pocas personas con cadenas de suministro muy cortas podría organizarse como una economía de donaciones, si los productores están inspirados por el amor fraternal y la confianza mutua. Tan pronto como una de estas condiciones esté ausente, tan pronto como falte el amor y la confianza, tan pronto como la economía abarque a miles, a millones y miles de millones de personas, tan pronto como las cadenas de suministro se hagan largas y complejas, tan pronto o como las condiciones tecnológicas y de otro tipo también rápida y frecuentemente, una economía pura de donaciones está fuera de lugar. La productividad del trabajo en una economía así sería cada vez menor, comparada con lo que sabemos que puede saber en una economía desarrollada de mercado.

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Image source:
Howard Lake www.flickr.com/photos/howardlake/
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Cite This Article

Jörg Guido Hülsmann, "Charity Needs Markets," The Austrian 2, no. 3 (May-June 2016): 8–10.

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