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¿Ayuda exterior eterna?

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Tags Burocracia y RegulaciónImpuestos y Gasto

04/30/2018

[Artículo de Newsweek del 16 de mayo de 1955 y reimpreso en Business Tides: The Newsweek Era of Henry Hazlitt]

Una vez se ha creado la burocracia pública para hacer cualquier trabajo, encontrará interminables excusas para expandir, prolongar o perpetuar ese trabajo. Esta es la triste historia de nuestra ayuda exterior de la posguerra.

Solicitada originalmente por el secretario Marshall en 1947 para atender lo que entonces se consideraba una situación de emergencia temporal, la ayuda exterior ha continuado, año a año, cambiando constantemente sus propósitos declarados y cambiando constantemente su nombre, pero sin mostrar la más mínima tendencia a terminar o al menos a ir disminuyendo. Puede sorprender a algunos lectores descubrir que el presidente está en realidad proponiendo un aumento en la cantidad a gastar el próximo año fiscal, incluso por encima de la cantidad gastada este año. Quiere que la ayuda exterior aumente de 4.300 millones de dólares en 1955 a 4.700 millones en 1956. Peor aún, lejos de sugerir una disminución, el presidente en su carta al secretario Dulles del 16 de abril dejaba claro que pensaba que el desembolso exterior debería ser un programa “continuo” bajo “una comunidad pública permanente”.

El mensaje del presidente del 20 de abril sobre ayuda exterior expresa los argumentos superficiales y principalmente retóricos para lo que hemos estado oyendo los últimos nueve años. El mensaje plantea cientos de dudas con respecto a los detalles. Solo puedo mencionar una o dos.

Es un programa para esparcir el dinero de los contribuyentes sobre casi todo el mundo, prácticamente todos los países fuera del Telón de Acero. Para unos pocos países, en el estado actual del mundo, la continuidad en la ayuda militar resulta inevitable. Esto es aplicable ahora sobre todo a Formosa y Corea. El mensaje del presidente incluye una defensa menos evidente, pero todavía convincente, de la ayuda a Irán, Grecia y Turquía. Pero una vez mencionados estos países concretos, salta de repente a la generalización completa e injustificada de que es obligación del contribuyente estadounidense “promover el bienestar y el crecimiento de los pueblos de África”. Luego descubrimos que se ha convertido de alguna manera en nuestra obligación hacer llover dinero sobre toda Latinoamérica. Donde exista una “situación crítica”, como en Guatemala o Bolivia, debemos mandar todavía más. Además, tenemos que continuar dando a Yugoslavia e India, aunque no hay la más mínima garantía de que estos países estén de nuestro lado cuando las cosas se pongan feas.

Esto es peligroso. Esparcir ayuda por todo el planeta no es solo un desperdicio inexcusable, pero su efecto debe ser reducir la ayuda que podamos dar, por ejemplo, a Formosa, donde se necesita urgentemente. El argumento a favor de esa generosidad indiscriminada parece ser que al haber ayudado a los países A, B y C, debemos dar dinero a D, E y F para impedir su resentimiento.

El programa de ayuda externa del presidente sigue asignando enormes fondos a ayuda “económica”, el Punto Cuatro de Truman y todo el resto. Se nos dice que “tres de cada cuatro dólares” de nuestro programa de desembolso exterior “se gastarán inmediatamente dentro de Estados Unidos”. Es como tratar de apelar al interés propio de un vendedor de automóviles diciéndole que si te hace una donación de 4.000$ usarás 3.000$ para comprar uno de sus coches. Un argumento “económico” así debería rechazarse como ridículo, tanto si lo realiza una empresa privada como si lo presenta solemnemente una nación.

Repito, el presidente nos dice que no puede asegurar nuestra libertad, salvo que destruyamos en el resto del mundo “las condiciones bajo las que crece el totalitarismo: pobreza, analfabetismo, hambre y enfermedad”. ¿Son estas realmente las razones del comunismo, o de cualquier forma de totalitarismo? Alemania se hizo nazi con menos pobreza, analfabetismo, hambre y enfermedad que cualquier otro país fuera de Estados Unidos.

Es curioso, a la vista de nuestro programa de ayuda exterior, comparar los presupuestos de Estados Unidos y Gran Bretaña. En su último año fiscal, Gran Bretaña tuvo un superávit de 1.200 millones de dólares; Estados Unidos tendrá un déficit de más de 4.000 millones. Para el próximo año fiscal, Gran Bretaña prevé un superávit de 414 millones de dólares; nosotros prevemos un déficit de 2.400 millones. Aún así, el país que tuvo el superávit obtuvo 120 millones de dólares del país que tuvo el déficit. ¡Y pensamos que fue Alicia la que vivió en el País de las Maravillas!

Henry Hazlitt (1894-1993) was a well-known journalist who wrote on economic affairs for the New York Times, the Wall Street Journal, and Newsweek, among many other publications. He is perhaps best known as the author of the classic, Economics in One Lesson (1946).

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