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Socialismo: El problema del cálculo no es el problema del conocimiento

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Tags Cálculo y Conocimiento

En la próxima Conferencia de Investigación Económica Austriaca (CIEA) del Instituto Mises habrá un panel conmemorando el 30º aniversario del segundo debate sobre el cálculo socialista. El segundo debate empezó con el artículo de 1988 de Israel Kirzner en la Review of Austrian Economics que analizaba el debate original entre Mises, Hayek y los socialistas de mercado, para aprender lecciones para austriacos modernos. El artículo de Kirzner generó respuestas de Joe Salerno y otros economistas asociados con el Instituto Mises, algunos de los cuales estarán en la CIEA en un panel que discutirá su papel en este segundo debate.

No voy a poder acudir a la CIEA, pero creo que podría compartir mi perspectiva sobre la pregunta general: ¿Es útil distinguir entre las posturas de Mises y Hayek en el debate global, o es mejor referirse a una postura común «Mises-Hayek»? Cuando estudiaba en la NYU, veía tanto a Kirzner como a Salerno en la «Coloquio Austriaco» semanal, así que conocí ambas perspectivas. Recuerdo que, en aquel entonces, tenía una actitud de «Tíos, nos superan en número, no nos peleemos entre nosotros». Pero después de mi última relectura de La acción humana (mientras escribía mi libro Choice), me sorprendió la importancia que daba Mises al cálculo económico. Y me parece claro que el «problema del cálculo» misesiano no es el «problema del conocimiento» hayekiano.

No debería hacer falta decir que nada en este artículo pretende desdeñar las enormes contribuciones de Hayek, tanto a la economía pura como a las ciencias sociales en general. Después de todo, yo mismo dediqué mi tesis doctoral a este gran teórico del capital (junto con John Hicks) y, por su parte, Joe Salerno fue muy elogioso con Hayek durante su reciente intervención en el programa de Tom Woods. Aun así, hay una distinción entre el «problema del cálculo» y el «problema del conocimiento». Podría estar bien usar este tipo de lenguaje de forma intercambiable al dirigirse a una audiencia normal, pero indudablemente los economistas académicos no deberían agruparlos como si estuvieran «diciendo lo mismo».

Mises no estipula conocimiento disperso

Déjeme que lo repita: los famosos «papeles del conocimiento» de Hayek eran obras maestras. Recuerdo que en la universidad uno de mis compañeros de clase preguntó de qué iba la «economía austriaca» y le di «El uso del conocimiento en la economía» como un buen resumen. (Resultó que mi amigo, que venía de Japón, me dijo una semana después que había tratado de leerlo, pero no entendía lo que decía Hayek. Me di cuenta de lo lejos que estaba la tradición austriaca del análisis del equilibrio matemático que estábamos aprendiendo en el curso).

Aun así, todos los problemas de conocimiento disperso, conocimiento tácito y cómo los precios son un mecanismo eficiente para comunicar información, ninguno de ellos es el defecto esencial que Mises atribuía al socialismo. Desde el inicio, cuando Mises desarrollaba su crítica, estipulaba en principio que el planificador central en un régimen socialista no solo tenía buenas intenciones, sino también todo el conocimiento técnico relevante a su alcance. Es verdad que estos problemas  existen en el mundo real: Un dictador socialista podría ser despiadado con sus oponentes pero (como indicaba Hayek) no podría de ninguna manera conocer todos «hechos sobre el terreno» de expertos en todo el país, mezclados en su cabeza para tomar buenas decisiones.

Aunque todos estos problemas son enormes en el mundo real, a pesar de todo, como hipótesis, Mises suponía que no existían el problema del mal y el problema del conocimiento disperso. Mises afirmaba que, aunque fuera así, el planificador socialista estaría a tientas en la oscuridad. Incluso con esto, el planificador no tendría manera de evaluar si los recursos escasos (recursos naturales, bienes de capital y trabajo) a su disposición se están desplegando de la mejor manera. El planificador socialista no tendría manera de medir la eficiencia económica de su plan para los recursos de la sociedad.

Me doy cuenta de que mi argumento puede parecer bastante simple, pero para mí es evidente que Mises pensaba que era el «problema del cálculo» no podía ser el «problema del conocimiento» que asociamos con Hayek. Señalar esto no es despreciar la importancia del problema del conocimiento, es únicamente señalar que son distintos defectos del socialismo.

La respuesta inicial de Hayek a los socialistas de mercado

Podemos conseguir más evidencias de que Hayek y Mises no estaban diciendo lo mismo cuando recordamos la famosa reacción de Hayek a la «solución matemática» que habían propuesto algunos economistas en respuesta a Mises. (resumo estos intercambios en mi artículo de 2006 en QJAE). En concreto, H.D. Dickinson había argumentado en 1933 que Mises se había excedido cuando afirmaba (originalmente en un artículo de 1920 en alemán) que se sería imposible para los planificadores socialistas disponer racionalmente los asuntos económicos. Formado en la tradición del equilibrio general walrasiano, Dickinson afirmaba que un planificador socialista solo necesitaba conocer las funciones relevantes de producción, los suministros de recursos y las preferencias de consumo para determinar un plan eficiente. Después de todo, los economistas matemáticos solo tenían esa información y eran capaces de generar el «equilibrio competitivo» en sus modelos. ¿Por qué no iba a poder hacer lo mismo un planificador socialista, al menos en principio, para el mundo real?

En respuesta, Hayek en 1935 argumentaba que una solución matemática de este tipo «no es una imposibilidad en el sentido de que sea contradictoria lógicamente». Pero la rechazaba como una respuesta seria a Mises, porque

Lo que es relevante aquí en la práctica no es la estructura formal del sistema, sino la naturaleza y cantidad de información concreta si se va a intentar una solución numérica y la magnitud de la tarea que esta solución numérica debe implicar en cualquier comunidad moderna.

Podemos estar todos de acuerdo con Hayek en que los socialistas que impulsan un sistema walrasiano de ecuaciones para «resolver» el problema económico al que se enfrenta la sociedad se estarían engañando a sí mismos si pensaran honradamente que esto podría funcionar. Sin embargo, la reacción de Hayek retiraba una de las condiciones que había estipulado Mises. En su salvedad original (y su formulación seguiría siendo la misma incluso para cuando escribió La acción humana), Mises no argumentaba que los planificadores socialistas no serían capaces de procesar información en tiempo real. No, Mises seguía destacando que habría una ausencia categórica de un tipo especial de información (si queremos usar esa palabra) que solo podría producirse por medio de instituciones del mercado.

No fueron solo los pedantes rothabrdianos los que pensaron en tiempos modernos que Hayek había manipulado el guantelete que había lanzado Hayek. En un famoso (y petulante) artículo de 1936, Oskar Lange primero alababa burlonamente a Mises (diciendo que los planificadores socialistas e el futuro deberían erigirle un monumento) y luego argumentaba que Hayek había rebajado la principal afirmación de Mises:

Así que el profesor Hayek y el profesor Robbins [en su énfasis sobre la abrumadora cantidad de ecuaciones necesarias para implantar realmente la solución matemática] han renunciado al punto esencial de la postura del profesor Mises y se han retirado a una segunda línea de defensa. En principio, admiten, el problema se puede resolver pero se duda de que en una comunidad socialista pueda resolverse por un sencillo método de prueba y error, como se resuelve en la economía capitalista.

No creo que aquí Lange esté dando un golpe bajo. Creo que está señalando correctamente que la concesión de Hayek de la posibilidad lógica de una «solución matemática» es algo que Mises no habría escrito. De hecho, en Notes and Recollections, Mises se refiere a estos economistas que impulsan la solución matemática y escribe: «No han visto el primer reto: ¿Cómo puede la acción económica, que consiste siempre en preferir y dejar de lado, es decir, en realizar valoraciones desiguales, transformarse en valoraciones igual y en uso de ecuaciones?»

«Nada nuevo bajo el sol»

Cuando un economista académico ortodoxo (formado en el uso de las funciones de producción de Cobb-Douglas y las funciones de utilidad de Von Neumann-Morgenstern) lee esa cita de Mises, comprensiblemente desvía su mirada ante el anticuado pensador austriaco. «Por supuesto que podemos usar ecuaciones para modelar la acción humana en la economía», piensa el economista moderno. «¿Para qué otra cosa usa los números la gente en nuestra economía real? Si el comprador medio puede hacer esos juicios, ¿qué puede detener al profesor en su Torre de Marfil o incluso a un planificador central?»

Pero este es el reverso de la moneda. Mises no solo identifica el defecto crucial del socialismo, sino que también explica cómo resuelve de problema una economía de mercado. En concreto, la institución de la propiedad privada y el uso de un medio común de intercambio permiten la generación de genuinos precios de mercado para todos los bienes y servicios disponibles. Luego los empresarios son capaces de realizar cálculo monetario, para embarcarse en proyectos que piensan que serán rentables y evitar aquellos que sufrirán pérdidas. Este proceso de mercado es el que permite a un sistema capitalista asignar eficientemente recursos, mientras que un sistema socialista no puede hacerlo, ni siquiera «en principio».

Me gusta la manera que lo explica Joe Salerno en un artículo de 1994:

No concibo la evaluación ni como conocimiento ni como aritmética, sino como algo nuevo bajo el sol, introducido en el mundo solo cuando se cumplen los requisitos institucionales de una economía de mercado. El proceso social de evaluación trasciende así las operaciones puramente individuales de conocer y computar, al mismo tiempo que las complementa creando las condiciones indispensables para la decisión racional por parte de emprendedores y dueños de recursos cooperando en la división del trabajo. [Cursivas añadidas]

Déjeme que trate de explicar así este punto: Cuando usamos un termómetro para medir la temperatura dentro de un horno en una panadería comercial, el dispositivo nos transmite información. Realmente hay un «hecho material» objetivo en la energía cinética de las moléculas del aire que rebotan dentro del horno y el termómetro es un modo imperfecto de traducirnos esos datos de una forma que nuestras mentes puedan comprender e incorporar a nuestras decisiones. Pero no cabe duda de que el horno realmente tiene una temperatura, independientemente de nuestra medición con un termómetro.

Por el contrario, cuando preguntamos: «¿Cuánto valor económico tiene el horno?», esta resulta ser una pregunta esencialmente distinta. No es un hecho objetivo que esté incluido en las disposiciones de la materia. La pregunta tiene en cuenta todas las preferencias subjetivas de todos en el planeta, así como sus expectativas de transformar la materia en formas diferentes. En realidad, es una pregunta abrumadora, que solo puede responderse creando una economía de mercado y luego haciendo elucubraciones documentadas acerca de lo que la gente estaría dispuesta a pagar por el horno.

Conclusión

Tanto Mises como Hayek fueron economistas brillantes que hicieron numerosas contribuciones a la tradición austriaca. Pero es inapropiado referirse a la postura de «Mises-Hayek» en el famoso debate del cálculo socialista y hacerlo oculta la comprensión misesiana del cálculo, que es necesariamente cálculo monetario. Aunque los investigadores deberían siempre tender cuidado en ejercer cortesía en sus evaluaciones, resulta apropiado desenredar argumentos distintos que a veces se agrupan juntos.

Robert P. Murphy is a Senior Fellow with the Mises Institute. He is the author of many books. His latest is Contra Krugman: Smashing the Errors of America's Most Famous KeynesianHis other works include Chaos Theory, Lessons for the Young Economist, and Choice: Cooperation, Enterprise, and Human Action (Independent Institute, 2015) which is a modern distillation of the essentials of Mises's thought for the layperson. Murphy is co-host, with Tom Woods, of the popular podcast Contra Krugman, which is a weekly refutation of Paul Krugman's New York Times column. He is also host of The Bob Murphy Show.

Note: The views expressed on Mises.org are not necessarily those of the Mises Institute.
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